cada día se ganan almas para Cristo. Vivimos en un país en donde puedes encender el televisor y escuchar el evangelio, en cada barrio de este país hay una iglesia evangélica, para nosotros que estamos en este ambiente es fácil tener un concepto errado de que en todo el mundo estemos como estamos, pero no es cierto, porque más del 50% del mundo nunca ha escuchado que hay un Dios que un día murió en una cruz, para salvarnos de nuestros pecados.
Hace un tiempo tuve el privilegio con Igna, fuimos a visitar a uno de nuestros misioneros en el Norte de África, ella lleva muchos años trabajando en un país donde te pueden matar por hablar del Señor Jesucristo, pero ella ha sido muy valiente. Ella se viste como musulmana, tiene en los bolsillos escondidos nuevos testamentos pequeños ya va al mercado repartiéndolos. Cuando nosotros fuimos a verla, fuimos muy impactadas con algo que paso. Ella viajo en tren para recibirnos en la ciudad a donde viajamos en avión, había que hacer un viaje de cinco horas en tren y nosotros nos subimos allí con todo el anhelo de poder verla, poder pastorearla, anhelamos tiempo a solas con ella para escucharla, pero Dios tenía otro propósito.
Esos trenes están divididos en compartimentos que caben seis personas en cada uno, en unos de ellos nos metimos nosotras tres y tres musulmanes, un hombre de avanzada edad y dos mujeres jóvenes; entonces empezamos el viaje y comenzamos a compartir con ellos, faltando como una hora para llegar al destino, cuando de repente la misionera cuyo nombre no se puede dar el publico por seguridad, cambio el idioma árabe por el francés, para que nosotras entendiéramos lo que estaba diciendo y lo que dijo fue: “yo quiero hablarle del Señor Jesucristo” y cuando ella dijo eso, el hombre que estaba sentado frente a mi persona, reacciono con rabia y quiso levantarse para llamar a las autoridades.
Yo comencé a orar por el enseguida, entonces se volvió a sentar y empezó a escuchar. Fue tan hermoso todo lo que iban hablando, pero la gran victoria vino cuando Igna dijo lo siguiente: “Nosotros, la vida en este mundo y la vida con Dios es como el viaje en este tren. Hubiéramos hecho este viaje en cuatro horas, sin entrar en relación los unos con los otros, sabiente cada quien que las otras personas existían, pero no entrar en relación y en amistad. Hemos compartido todo lo que traimos, hemos aprendido de sus familias y de las nuestras, aprendimos de su país, hemos compartido el alimento. Ahora sentimos que nosotros les amamos a ustedes y nuestro Señor Jesucristo es un Dios que les ama”. Y cuando les dijo eso los tres comenzaron a llorar. Al final del viaje ellos estaban tan contentos que nos dijeron: “Gracias por habernos hablado de Jesucristo”.
Nosotros tenemos la verdad más grande en toda la historia en nuestro corazón: ¡Conocemos al Señor Jesucristo! Afuera hay un mundo lleno de gente que se está muriendo sin conocerlo. “no me puedo callar, yo tengo que compartir lo que es el evangelio”
A veces nos sentimos solos, nos sentimos que nos toca muy duro en este mundo, pero no es verdad, en fin de cuenta somos una multitud, somos una familia muy grande, estamos rodead de creyentes con quien compartir, con quien levantar la fe, creyentes que se acercan y nos dan una palabra, nos da un concejo, estamos rodeados de personas cristianas. ¡Somos muy bendecidos!
¿Cómo creerán si yo no les predico? Hay diferentes llamados, hay llamados para Colombia, pero de la Iglesia colombiana hay muchos llamados para el otro lado del mundo. Y si la Iglesia colombiana no empieza a mandar más y más misioneros, el Señor nos llamara a dar cuenta un día.
La siembra más valiosa que usted le puede dar al Señor, no es tu dinero, es tu vida para su servicio. Es entregar tu vida en el altar y decirle: Tómame y úsame. Yo quiero ser útil para ti, lo que Tú tengas para mí, porque lo que quiero hacer es extender tu Reino. Tu llamado puede ser para África o para la panadería de la esquina, pero uno de tus llamados es compartir la verdad de que hay un Dios que murió en una cruz por amor a la humanidad y que necesitan recibirlo.
Compartir implica ciertos riesgos. Me pueden rechazar, se pueden burlar de mi, pero el hecho es llegar al punto donde puedo amar a esa persona, mi preocupación y mi enfoque no sean mi vida, no sea como estoy quedando yo en esto; mi enfoque y mi preocupación es que tengo una persona al frente que esta caminado hacia el infierno y yo tengo el conocimiento para poder llevarlo al camino hacia el cielo, eso es lo que vence el temor y la timidez, es amor a la otra persona.
Por un momento puedes pensar quien se arriesgo por ti, quien te compartió el evangelio, quien te amo lo suficiente para vencer su propio temor y para hablarte del evangelio del Señor Jesucristo. ¿Estamos dispuestos por lo demás?
Tú eres de un valor incalculable. No permitas que el diablo te diga que no tienes valor, porque no es verdad. “Yo soy muy costoso, soy de un valor incalculable”. Para poder conocer el evangelio, Jesucristo dio su vida y muchos otros pioneros de esta nación, dieron sus vidas para que yo pudiera escuchar la verdad del evangelio”. ¿Estamos dispuestos arriesgarnos por los demás?
Si tú anhelas tener algo nuevo en tu corazón y ya no estar pensando solamente en nosotros mismos; nosotros como iglesia somos muy egoístas. Dios nos ha bendecido en nuestras familias, en todas las áreas de nuestras vidas, estamos encaminados hacia el cielo. El Señor quiere prender un fuego en tu vida que no se puede apagar.