Quiero sentir el calor del sol en mi cara y la bendición del rocío matinal en mis pétalos!"
Y entonces creció.
La segunda semilla dijo:
"Tengo miedo.
Si dejo que mis raíces vayan hacia abajo, no sé qué encontraré en la oscuridad.
Si me abro camino a través del suelo duro por sobre mi puedo dañar mis delicados retoños...
¿Y si dejo que mis brotes se abran y una serpiente trata
de comerlos?
Además, si abriera mis pimpollos, tal vez un niño pequeño me arranque del suelo.
No, me conviene esperar hasta que sea seguro".
Y entonces esperó. Un ave que andaba dando vueltas por
el lugar en busca de comida, encontró a la semilla que esperaba y enseguida se la tragó.
"El que al viento observa, no sembrará,
y el que mira a las nubes, no segará.
Por la mañana siembra tu semilla,
y a la tarde no dejes de reposar tu mano."
(Eclesiastés. 11: 4-6)
Cualquiera que oye estas palabras mías y las pone en práctica, será semejante a un hombre sabio que edificó su casa sobre la roca; y cayó la lluvia, vinieron los torrentes, soplaron los vientos y azotaron aquella casa; pero no se cayó, porque había sido fundada sobre la roca. Mateo 7:24,25.